De mudanza: www.samuelcasado.com

El pasado 1 de diciembre de 2011 publiqué mi primer post, Bautismo bloguero, y cinco meses después, el 1 de mayo de 2012, estamos de mudanza y llevamos mi bitácora “Becario antes que empresario” a la comunidad de Gente Digital, el medio nacional líder en prensa semanal gratuita.

En el proceso del traslado también estrenamos el dominio samuelcasado.com e incorporamos al blog una nueva imagen de WordPress realizada por la empresa de diseño y comunicación Tres Tristes Tigres.

Espero que os guste el cambio, yo estoy ilusionado a la vez que agradecido.

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de samucasado Publicado en General

Porqué adoro una marca: Apple 

Soy parcial. Lo reconozco. Pero es mi opinión. Porque aunque sea maquero mi opinión es válida, ¿o no?

Para mi las marcas son importantes. Aunque más importante son los productos, las marcas te dan pistas. Pistas de lo que te pueden ofrecer mediante experiencias presentes o pasadas. Aunque a veces se podría aplicar el conocido aforismo a modo de advertencia, como si de un producto financiero se tratara: rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. O mejor: satisfacciones pasadas no garantizan satisfacciones futuras. Porque las marcas, como las personas, o quizá porque las dirigen personas, también cambian, evolucionan, mejoran, empeoran, y en ocasiones hasta mueren, desapareciendo.

La diferencia fundamental entre los productos de la manzana mordida de Cupertino y el resto es la satisfacción de uso que generan al cliente avanzado. Quizá el comprador también valore su excelente diseño, la calidad visual y al tacto de sus materiales (hoy en día aluminio y vidrio fundamentalmente) y una durabilidad superior en la vida media del producto en comparación con su competencia. El usuario valora lo fácil e intuitivo de su manejo y la exclusividad que aporta su posesión. Nadie discute que un iMac o un MacBook además de ser herramientas de trabajo son iconos de diseño. Decoran la estancia en la que cohabitan, bien sea un estudio rodeado de planos y maquetas, un despacho lleno de libros, una tienda repleta de fotos, entre los cafés y GinTonics de un bar, con la ropa de una boutique, en una cabina inundada de cd´s o en un dormitorio. Son productos que se exhiben, no se esconden como feas herramienta de trabajo, como un mal imprescindible.

Hay multitud de curiosas teorías para diferenciar a los usuarios de Mac y PC: en una de estas encuestas se identificó a los maqueros como más jóvenes, con más estudios, de ideología liberal, urbanitas y consumidores de vino frente a los usuarios de PC, menos jóvenes, con menos estudios, más conservadores, con más posibilidades de vivir en zonas rurales y bebedores de refrescos de cola. La verdad es que pese a mi identificación con el resultado de esa encuesta formando parte del primer grupo de personas no me gusta ni esa segmentación ni cualquier otra entre bueno o malo, entre urbano y rural, o entre vino o cerveza. Soy más de sumar. Prefiero la conjunción copulativa ‘y’ antes que la disyuntiva ‘o’.

De aquellos Mac Power classic de principios de los 90 con los que aprendimos informática en los maristas a mi actual iMac he vivido un largo recorrido. De idas y venidas, de decepciones y de sorpresas. Después de enamorarme de los Macintosh, llegó el momento de cambiar mis viejos walkman y discman por un iPod. Me decidí por un nano de primera generación ya que buscaba sencillez y un tamaño reducido. Negro. Con la mítica ruleta y su pantalla. Fui de los que tenía un iPhone antes de que se vendieran en España. Luego pasé al iPhone 4 y ahí sigo, esperando al 5…El iPad 2 me conquistó y hoy en día es mi salvación nocturna cuando la telebasura y el insomnio me persiguen.

Otra de las razones por las que adorar a Apple es su servicio postventa. Mi iPod nano 1G de 1Gb entró en el programa de sustitución por un posible fallo de la batería y 5 ¡cinco! años después Apple me envió sin coste el iPod nano 6G de 8 Gb. Sí, increíble pero cierto.

Esas son algunas de las razones por las que adoro una marca.

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GinTonic, burbuja a estallar en 2012

Explotaron las puntocom. Y el ladrillo. Dicen que este año le toca a la moda del GinTonic, las empresas 2.0 y al community manager. ¿O igual no?

Yo soy bebedor de GinTonic.

Empecé un poco antes de ponerse de moda, pues era un habitual del whisky cola y debo confesar que mientras muchos de mis amigos desertaron y cambiaron a la bebida de los piratas (ron) yo seguí fiel a la perdiz: The Famous Grouse. También recuerdo como hace solo tres años apenas podías elegir entre nacionales (Larios y MG) o de importación (Beefeter, Bombay o Tanqueray). Los más sibaritas tomaban la aromática Bombay azul (Saphire). Pero de repente, surgieron marcas y más marcas. Secas, aromatizadas, azucaradas…

En 2006 abandoné la noche y cambié mi alcoholismo de fin de semana por los digestivos gintonics de sobremesa acompañados de un buen puro habano y una animosa conversación entre amigos. Luego, la ley y otras cosas, hicieron que prácticamente dejara los habanos. Pero sigo con los gintonics.

Y la moda me ha desconcertado: por una parte, la proliferación de ginebras premium animará el mercado mientras sea capaz de absorber tanta oferta; y por otra, hace replantearme si pago un precio alto solamente por el aumento de la demanda o por un producto exquisito tanto en botella como, una vez preparado con tanto arte, en copa. De momento, como ni soy inversor en bares, ni poseo destilerías, ni alambiques me dedicaré a disfrutar.

Un consejo: por si acaso, vayan pasándose al VodkaTonic…dicen que es la próxima moda.

PD: Ahora mismo estoy disfrutando un London Gin con Fever Tree, lima y manzana roja… y pienso tomarlo con calma, como se merece. No voy a terminarlo antes por si explota, porque esta burbuja especulativa a mi no me pilla.

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Mis redes sociales y su uso

Se acerca el congreso iRedes, en su segunda edición de nuevo en Burgos, y toca hacer balance de mi presencia social media. No mido el tiempo que dedico a las redes sociales (ni me importa). No voy a hablar del cuánto sino del cómo.

Facebook lo uso, casi exclusivamente, con amigos. Es cierto que si bien entro prácticamente a diario desde 2008, cada vez interactúo menos; este otoño decidí hacer limpieza y me cargué más de 60 amigos. Sobre todo eliminé perfiles que no eran personas, que para eso están las páginas. Creo que en breve haré otro barrido. ¿Será el llamado síndrome de fatiga social? No sé. Me interesa también la información que comparten las páginas de empresas y organizaciones que me gustan, y creo que el potencial de los grupos está sin explotar. Últimamente uso bastante Facebook para compartir los enlaces a las entradas de este blog.

Twitter me tiene absolutamente enganchado desde el verano de 2010. Lo utilizo para informarme, para opinar y también para divertirme. Es genial tener un resumen de noticias breves en el Timeline. Es maravilloso, por ejemplo, poder leer los consejos de Jesús Encinar y Martín Varsavsky o descubrir blogs interesantes. Y si consigues mantener un diálogo virtual con una persona que crees inaccesible, ya es la leche. O ver contenidos en primicia por ese reciente vicio periodístico de lanzar bonus para twitteros. Y cuando sigues la etiqueta de un evento, la experiencia es muy enriquecedora: se unen las opiniones de los participantes junto al resumen del propio acto. También uso bastante los mensajes directos pese a la limitación de los 140 caracteres. Generalmente accedo desde los clientes oficiales para iOs o Mac, ya que no termino de desenvolverme bien con HootSuite, TweetDeck y demás aplicaciones.

Instagram es una maravilla. Un perfecto ejemplo de start-up americana. Hoy en día tiene diez empleados (el uno de enero solo eran siete) y más de once millones de usuarios. Ni siquiera tiene página web, tan solo un blog. Y es una aplicación imprescindible si tienes un iPhone. La iphonegrafía es más que una moda. ¿Para que llevar otra cámara de fotos adicional si ya tienes una en el móvil? Es el nuevo paso que van a dar (o ya están dando) los smartphones: revolucionar el mundo de la fotografía a través del móvil. Yo soy un Instagramer. Sus opciones son sencillas de usar. Y engancha. Su conectividad con Twitter es otro de sus puntos fuertes. Limitaciones: solo sirve para usuarios de iPhone, al menos de momento

Foursquare es para mi, hoy en día, solo diversión y hasta con cierto pique sano por tener más mayors (alcaldías) entre los amigos. Pero es una bomba que puede explotar en cualquier momento si entran en juego los propios lugares con recomendaciones y ofertas asociadas a la geolocalización.

LinkedIn es una muy buena herramienta profesional que no estoy exprimiendo. Tengo presencia, pero no desarrollo una estrategia. Y es un error que intentaré enmendar. Los debates de los grupos es uno de sus activos más importantes, y una participación activa exige tiempo y conocimientos. Pero creo que incluso sin una estrategia clara, al menos hay que estar con un buen perfil que potencie tu marca personal y formar parte de grupos de interés.

Pinterest me parece interesante, aunque llevo apenas dos semanas y no he cogido el truco. Es la red de moda, así que algo tendrá.

Google+ no me gusta. No termina de engancharme.

Skype, WhatsApp, iMessage o FaceTime no son redes sociales en sí mismas pero su uso es 100×100% social. Skype apenas lo utilizo; iMessage no me convence y solo es un recurso desde el iPad cuando el destinatario no tiene WhatsApp, que me parece, si no la mejor App, una de las mejores para móviles: completa, sencilla y con toda la información necesaria (confirmación de recepción de mensajes, hora de última entrada…) a pesar de sus problemas de seguridad; FaceTime es una estupenda herramienta de videollamada wifi entre dispositivos Apple que uso con gente muy cercana, sobre todo con mi mujer desde el iMac de la oficina.

Tan relevante como su uso es el dispositivo de entrada: LinkedIn desde el iMac; Facebook desde el iPad; Instagram y Foursquare, obviamente, desde el iPhone; y Twitter…¡desde todos!

Y tú, ¿cómo, por qué y dónde usas las redes?

NOTA: Lo más importante de la presencia 2.0 es generar contactos de confianza, y esos solo se consiguen en la vida real, así que nos vemos en iRedes.

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Tu momento del día

¿Cuál es tu mejor momento del día?

En mi caso depende de varios factores, pero normalmente me levanto de muy buen humor y dando gracias a Dios porque un día más puedo ver salir el sol. A esas horas, 7.00 AM, soy rutinario. Enciendo la radio y como fiel fosfonauta disfruto cada mañana escuchando al almeriense Carlos Herrera. Exprimo tres naranjas valencianas que llenan mi vaso con 30 cl de zumo natural. Luego necesito un buena dosis de cafeína en forma de cápsula ristretto y algo sólido (galletas o tostadas con mermelada de arándanos, frambuesas o cualquier fruto rojo de La Vieja Fábrica o St. Dalfour) y acabo con un poco de leche para los cereales (soy generación Kellog’s, pero nada de AllBran…más bien de Special K) Durante ese madrugador homenaje, ojeo los titulares de la prensa desde el iPad. Mis veinte minutos no me los quita nadie. Son para mi. Solo, en la cocina, viendo amanecer. Planificando el día. Disfrutando las buenas noticias. Esquivando las malas. Cogiendo fuerzas para enfrentarme a las dificultades diarias. Después, una ducha, elección de vestuario y a la batalla diaria por sobrevivir en el mundo empresarial.

Claro que algún día, pocos por suerte, mi mejor momento no es a primera hora de la mañana. Seguro que alguna vez te ha pasado. Te levantas agotado, como si en lugar de durmiendo hubieras pasado las últimas seis o siete horas disputando una maratón. Sin ganas de hacerte un zumo; sin intención de afeitarte la media barba, esa de dos días, que tan de moda está; y, claro, te preguntas conociendo de antemano la respuesta ¿me hace atractivo esa barba? Sí. Auto complacencia de vago perezoso para no pasar la cuchilla por tu cara. Es entonces, cuando el mejor momento del día puede ser el aperitivo. Al mediodía, una vez pasado el madrugón perezoso, haces balance de la mañana y piensas que no ha sido para tanto. O que llevas un infierno de día. Y te paras a pensar que te mereces una buena tapa acompañada de ese verdejo que te encanta; o una banderilla con esa cerveza artesanal bien fresquita; quizá un poco de sushi con el clásico vermouth Martini blanco (mi trago favorito al mediodía); o mejor unas ostras con champagne (ahí me quedo con Louis Roederer). Rodeado de amigos o solo; en tertulia animada de barra de bar o en el silencio de una terraza tranquila; tú eliges como, cuando y con quien. Es tu momento.

¿Cuál es tu momento del día?

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MINI

Aproximadamente 3.130.000.000 resultados (0,12 segundos). Eso escupe Google al teclear la palabra MINI en su buscador. La mayor parte de los resultados de la búsqueda se refieren a un automóvil. El MINI.

Para mi el MINI no solo es un coche. Es un icono del diseño, un mito, un motivo de culto, una forma de vida que gira alrededor de una movilidad diferente. Su lema: menos es más, lleva cautivando a millones de Minilovers durante los últimos 50 años en los que el MINI decora las ciudades, formando parte del mobiliario urbano. Es la antítesis de la ostentación, del “ande o no ande, coche grande”.

Su origen como proyecto en 1956, fue fruto de la necesidad. En plena crisis del petróleo de Suez por la guerra del Sinaí, el gobierno británico reintrodujo el racionamiento de combustible. Se popularizaron los coches burbuja: los alemanes Messerschmitt y BMW Isetta; italianos como los Piaggio Vespa 400 o los más populares en España Biscúter. De esta manera, Sir Alec Issigonis ingeniero de la BMC-British Motor Corporation recibió el encargo de diseñar un automóvil para cuatro personas, económico y de pequeñas dimensiones (3 x 1,2 x 1,2 metros) con el reto tecnológico de colocar el motor en apenas 50 cm., convirtiéndose en el primer coche de producción en gran serie que lo montó en posición transversal delantera, es decir, a lo ancho y no a lo largo. Otra de las características de su diseño y que a su vez le otorga un gran comportamiento dinámico es la posición de sus diminutas ruedas en los extremos. También contaba con numerosos huecos porta objetos. El ingeniero Issigonis era un tipo extraordinario y con buen gusto: se dice que reservó un espacio interior para almacenar una botella de su ginebra favorita.

Lo mejor del MINI es que se conduce como un kart y su diferenciación: no hay dos iguales. Sus innumerables posibilidades de personalización y las múltiples versiones hacen casi imposible encontrar dos idénticos. El clásico ya contó con distintas versiones, desde los Van, Pick-up, Moke, ClubMan a los Cooper, Cooper S o Cabrio. Y tras su resurgir a manos de BMW parece que vamos por el mismo camino e incluso con las mismas denominaciones.

Podría hablar del MINI y la moda británica; con Paul Smith y su obsesión por diseñar todo tipo de prendas y objetos con la imagen del MINI Classic o Mary Quant, la creadora de la minifalda. Del MINI y el cine, donde ha protagonizado The Italian Job en su versión original de 1969 y el remake de 2003. Del MINI y la realeza, con propietarios de sangre azul como el Rey Don Juan Carlos (dicen que ese MINI fue el primer y único coche que pagó) o el sultán de Brunei. Del MINI y la música, con otro icono de las islas, The Beatles. O del MINI y la competición, con sus éxitos en el Rally de Montecarlo o el más reciente en el Dakar.

Pero voy a hablar en primera persona. Mi primer recuerdo del MINI no puede ser más especial: mi madre tuvo dos, uno inglés y otro de los fabricados por AUTHI en su fábrica navarra de Landaben. Recuerdo que me recogía a la salida de los maristas para llevarme al logopeda (fui uno de esos niños que no pronunciaba la erre) o cuando en verano íbamos a la piscina. Todavía reprocho a mi padre que se deshiciera de ellos. Me prometí que intentaría hacerme con uno. Uno de los clásicos claro. De momento no lo he conseguido. Los del Scalextric no cuentan.

Pero cuando BMW relanzó la marca MINI mi sueño infantil se hizo, en parte, realidad. En 2008, mi mujer se compró un Cooper. No es el clásico, pero dentro de 25 años seguro que alcanza esa consideración, y nuestra intención es no deshacernos de él. Me (nos) hace feliz.

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Año nuevo, propósitos viejos

Cada fin de año se repite la misma historia: luce algo rojo en tu ropa, brinda con champagne (este año con chacolí de Burgos), toma las doce uvas, pide un deseo (¿solo uno?) y demás rituales tan divertidos para buscar la buena suerte y el éxito como ridículos y carentes de base científica. Llevo toda mi vida adulta haciéndolo y la mala suerte me persigue (o no).

Claro que lo peor es pararse a pensar en los repetitivos propósitos del año que empieza: mejorar mi inglés, hacer más deporte para que esa ligera curva no pase de objeto gracioso de chistes fáciles a preocupante signo de desidia, finalizar esos proyectos empresariales que están estancados, ahorrar para darnos algún capricho y amortizar deudas…y así puedo enumerar tantos como ilusiones tengamos. La mayoría de ellos son comunes a los sueños de millones de personas en todo el mundo. No somos tan distintos (o sí).

Al final de lo que se trata es de ser feliz y hacer feliz a quienes te rodean e importan. En plan autoayuda, os regalo mis consejos para ser feliz en 2012:

– Desaprende. Hacemos muchas cosas por costumbre. Revisa tus hábitos y cambia los más rutinarios. Seguro que tienes mucha creatividad en tu cabeza, simplemente piensa en ello unos minutos y cambiará tu enfoque.

– Invierte en experiencias para recordar y compartir, no en objetos para poseer y guardar.

– Apaga la tele. Escucha música y piensa en voz alta. Lee, viaja, sueña, descubre.

– Practica la solidaridad. Siempre hay alguien cercano a quien ayudar. Si no lo encuentras estás buscando mal, sal de tu burbuja.

– El mejor dinero es el que no necesitas. Gasta. Invierte. Disfruta. Vive.

– Compra con criterio. Lo barato simplemente es barato, no es malo ni bueno, mejor ni peor…hasta que lo comparas con algo similar. Lo local suele ser más sostenible y económico. Ya no es cool comprar todo fuera y en grandes superficies. Descubre el encanto de las pequeñas tiendas de barrio, los mercados, la artesanía y el comercio justo.

Conéctate sin aislarte. Navega para empaparte de información o diversión, pero comunícate e interactúa.

Usa la bici o anda. Deja el coche en el garaje al menos un par de días a la semana y muévete dando pedales o a pie. Hay muchas razones: la gasolina es cara, dar pedales o pasear es gratis; conducir es estresante, andar o pedalear relaja; el cláxon hace ruido, el timbre de la bici hace gracia; el coche contamina, andar (en bici o a pie) no; ir sentado en el coche es sedentario, pedalear y caminar es saludable; aparcar el coche es complicado y caro, aparcar la bici es fácil y barato…

– Equivocarse es parte del juego. Nadie es perfecto. Pero para ser bueno hay que buscar la perfección. Lo normal es cometer errores, la diferencia está en sacar conclusiones positivas de esos fracasos y no machacarse por ello.

– Dedica más tiempo a tu gente (por este orden): familia, amigos íntimos (recuerda que se cuentan con los dedos de una mano, no son los 300 que tienes en Facebook), y colaboradores cercanos (del trabajo, deporte, asociación, club, etc.)

– Date algún capricho. No tiene que ser algo caro y exclusivo. En ocasiones, una buena película en el cine, un paseo por la playa, una copa de vino, ver la puesta de sol o un baño de espuma son pequeños placeres que nuestro frenético ritmo de vida nos impide hacer a diario. La clave es dedicarte unos minutos a ti mismo y a tus aficiones.

– Practica a diario una de estas dos costumbres typical spanish (o ambas si puedes ¡qué suerte!): la siesta o el aperitivo. En medio de tanta crisis, alguna ventaja tiene ser español, ¿no?

Espero que no me suceda eso de “consejos vendo y para mi no tengo”.

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Ciudadanos 2.0: conecta2 y enreda2

Retrocedamos a 2006 (tan solo hace 5 años) y pensemos en esta situación en la que un amigo cualquiera te dice lo siguiente: “Mañana voy al networking de un grupo que he conocido en Facebook. Uno de los organizadores contactó conmigo a través de Linkedin y me pareció interesante su propuesta. ¿Te vienes? Si no, también puedes seguir el evento en streaming o en tu TimeLine mediante los comentarios en Twitter con el hashtag #iniciador. Luego se colgarán las fotos en Instagram y el video de la ponencia en Youtube. Si te animas mándame un whatsapp.”

Seguramente, además de no entender casi nada de lo que nos decía ese amigo, tan solo Youtube tenía un uso generalizado y el resto de redes y aplicaciones o no existían o apenas estaban naciendo, pensaríamos que nuestro amigo es un friki o que se ha montado en el famoso DeLorean de Doc Emmet Brown junto a Marty McFly en un remake de Regreso al Futuro. ¡Y solo hemos retrocedido 5 años atrás! Durante ese período 2006-2011, es probable que mantengas tu misma casa (aunque devaluada un 20%), mismo coche, mismo trabajo o al menos trabajo (¡qué suerte!), mismos amigos, misma forma de vestir, de desplazarte…pero seguro que ha cambiado la forma de comunicarte con tu entorno; has cambiado de móvil, y no una, sino varias veces. Es más, ahora no tienes un móvil, usas (y presumes) de smartphone. Y seguramente tengas desees una tableta. ¿Tanto hemos cambiado? En el fondo no, en las formas de comunicarnos, informarnos y socializarnos es obvio que sí.

Bajo la misma estructura del ejemplo anterior, tienen cabida millones de ejemplos, tantos como usuarios y tantos como perfiles tienen esos usuarios. En este tiempo también las administraciones públicas han puesto su granito (pequeñito) de arena creando perfiles en las redes, oficinas virtuales, registros electrónicos y  aplicaciones para la tramitación telemática de documentos. Por contra, la velocidad de navegación y las tarifas son el elemento diferenciador negativo de España respecto a los países de nuestro entorno.

Pero, ¿por qué estar conectados? ¿Y por qué enredados? Pues la respuesta es otra pregunta: ¿Y por qué no? Si no participas, te estás perdiendo algo, yo diría que mucho. En la sociedad actual hay otro tipo de analfabetos: los digitales. Y la brecha digital será más amplia con el tiempo, pues ya se están incorporando a la sociedad los nativos digitales, esos niños que nacieron y aprendieron dominando los medios de creación, difusión y comunicación digitales y que gestionan su identidad en la red con soltura bajo una estrategia predefinida, consiguiendo sus objetivos. Con igual o incluso menos talento y habilidades que sus competidores analfabetos digitales, los nativos digitales conseguirán mejores resultados en su vida social y laboral.

El progreso tecnológico es un aliado que bien utilizado siempre ha generado avances y riqueza, aprovechémoslo. Para el ocio o para el negocio: vive conectado, vive enredado.

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Bautismo bloguero

Que sí, venga, me animo; que no, no me atrevo…pero, para qué. Si no lo tengo claro…en wordpress, en blogger…Vale, ya está. Elijo el diseño, edito el menú, hago una prueba, otra y otra más; cambio el Theme; éste es perfecto; o no, no tan perfecto…ahora me gusta menos. Ya está. Éste sí. Creo que…bueno, no está tan bien. Lo cambio; ahora mejor; creo que sí. Definitivamente sí. Vamos…

Bueno, al final, me lanzo sin mayores pretensiones que tener un espacio propio en el que opinar, expresarme, incluso ayudar y, por qué no, sobre todo divertirme.

El título lo dice todo y al mismo tiempo no dice nada: fui (dos años) becario antes que empresario; creo que es tremendamente positivo vivir esa etapa antes de trabajar por cuenta propia o ajena. En parte todo lo mundo lo hace, pues habitualmente durante nuestros primeros pasos de vida laboral vivimos un periodo de aprendizaje, de adquisición de experiencia, de probar si vales o no, si te gusta o no tu profesión u oficio. Pero con una beca o práctica de verdad, no de fotocopias y cafés. Esas, que alguna hay todavía, son una pérdida de tiempo para el becario y para el empleador.

Hablaremos (yo, entradas; tú, comentarios) de empresas y retos, de emprender y de in-prender, de actualidad y de pasado, de ocio y negocios, de ventanas y de tecnología, de lo que yo quiera…y de lo que tú me digas.

Te espero.

¡Bautizado!

PD: Por cierto, este verano hemos tenido a una estudiante de la Universidad de Burgos en prácticas en nuestro equipo. Yo he sido su tutor. La becaria encantada; la empresa tanto o más. Repetiremos.

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