Año nuevo, propósitos viejos

Cada fin de año se repite la misma historia: luce algo rojo en tu ropa, brinda con champagne (este año con chacolí de Burgos), toma las doce uvas, pide un deseo (¿solo uno?) y demás rituales tan divertidos para buscar la buena suerte y el éxito como ridículos y carentes de base científica. Llevo toda mi vida adulta haciéndolo y la mala suerte me persigue (o no).

Claro que lo peor es pararse a pensar en los repetitivos propósitos del año que empieza: mejorar mi inglés, hacer más deporte para que esa ligera curva no pase de objeto gracioso de chistes fáciles a preocupante signo de desidia, finalizar esos proyectos empresariales que están estancados, ahorrar para darnos algún capricho y amortizar deudas…y así puedo enumerar tantos como ilusiones tengamos. La mayoría de ellos son comunes a los sueños de millones de personas en todo el mundo. No somos tan distintos (o sí).

Al final de lo que se trata es de ser feliz y hacer feliz a quienes te rodean e importan. En plan autoayuda, os regalo mis consejos para ser feliz en 2012:

– Desaprende. Hacemos muchas cosas por costumbre. Revisa tus hábitos y cambia los más rutinarios. Seguro que tienes mucha creatividad en tu cabeza, simplemente piensa en ello unos minutos y cambiará tu enfoque.

– Invierte en experiencias para recordar y compartir, no en objetos para poseer y guardar.

– Apaga la tele. Escucha música y piensa en voz alta. Lee, viaja, sueña, descubre.

– Practica la solidaridad. Siempre hay alguien cercano a quien ayudar. Si no lo encuentras estás buscando mal, sal de tu burbuja.

– El mejor dinero es el que no necesitas. Gasta. Invierte. Disfruta. Vive.

– Compra con criterio. Lo barato simplemente es barato, no es malo ni bueno, mejor ni peor…hasta que lo comparas con algo similar. Lo local suele ser más sostenible y económico. Ya no es cool comprar todo fuera y en grandes superficies. Descubre el encanto de las pequeñas tiendas de barrio, los mercados, la artesanía y el comercio justo.

Conéctate sin aislarte. Navega para empaparte de información o diversión, pero comunícate e interactúa.

Usa la bici o anda. Deja el coche en el garaje al menos un par de días a la semana y muévete dando pedales o a pie. Hay muchas razones: la gasolina es cara, dar pedales o pasear es gratis; conducir es estresante, andar o pedalear relaja; el cláxon hace ruido, el timbre de la bici hace gracia; el coche contamina, andar (en bici o a pie) no; ir sentado en el coche es sedentario, pedalear y caminar es saludable; aparcar el coche es complicado y caro, aparcar la bici es fácil y barato…

– Equivocarse es parte del juego. Nadie es perfecto. Pero para ser bueno hay que buscar la perfección. Lo normal es cometer errores, la diferencia está en sacar conclusiones positivas de esos fracasos y no machacarse por ello.

– Dedica más tiempo a tu gente (por este orden): familia, amigos íntimos (recuerda que se cuentan con los dedos de una mano, no son los 300 que tienes en Facebook), y colaboradores cercanos (del trabajo, deporte, asociación, club, etc.)

– Date algún capricho. No tiene que ser algo caro y exclusivo. En ocasiones, una buena película en el cine, un paseo por la playa, una copa de vino, ver la puesta de sol o un baño de espuma son pequeños placeres que nuestro frenético ritmo de vida nos impide hacer a diario. La clave es dedicarte unos minutos a ti mismo y a tus aficiones.

– Practica a diario una de estas dos costumbres typical spanish (o ambas si puedes ¡qué suerte!): la siesta o el aperitivo. En medio de tanta crisis, alguna ventaja tiene ser español, ¿no?

Espero que no me suceda eso de “consejos vendo y para mi no tengo”.

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