Poltergeist en los ayuntamientos

Últimamente en los ayuntamientos suceden fenómenos paranormales: los cajones se abren y se cierran solos. Se abren para rebuscar facturas perdidas; se cierran para esconder proyectos que nunca se ejecutarán.

Pero, ¿cuánto nos cuestan esos proyectos? Al menos, directamente, el coste de redacción del proyecto, el concurso público (si lo hay) y el coste de oportunidad de los técnicos y políticos que han trabajado en ello. Y como costes indirectos, la destrucción de empleo, la caída del consumo y una menor recaudación vía impuestos, tasas y licencias. Da igual quien gobierne: populares, socialistas, convergentes, comunistas o nacionalistas; y el tamaño del municipio: pequeños pueblos, pueblos medianos, ciudades dormitorio o capitales de provincia. Las entidades locales están endeudadas hasta las cejas (como la mayoría de los españolitos), y lo que es peor, con déficit.

Los ciudadanos entendemos que las instituciones tengan deuda, pero en ningún caso que arrastren déficit. El desequilibrio financiero viene de una mala penosa gestión por parte de los políticos y de los técnicos con responsabilidades: interventores, tesoreros y secretarios municipales. Muchos están rozando la quiebra. Cualquier pueblo cuenta con telecentro (es decir, un edificio dotado de varios ordenadores y acceso a Internet), centro social (donde se reúnen los jubilados para jugar a las cartas o las señoras para hacer manualidades), consultorio médico, edificio consistorial noble con despachos propios de empresas del Ibex 35, y algunos más privilegiados hasta guardería, colegio, polígono industrial, piscinas, pistas de padel o polideportivo; al igual que cualquier capital de provincia tiene su aeropuerto, su universidad, su auditorio, su museo emblemático, sus centros cívicos, su gran espacio multiusos cubierto o su recinto ferial…y además con firma de arquitectos de marca: suizos, japoneses, fosters o calatravas.

La mayoría de todas esas infraestructuras se construyeron o rehabilitaron con fondos europeos y con ingresos que procedían de la burbuja inmobiliaria (venta de terrenos municipales para construir viviendas e impuestos por licencias de obras). Pero la fiesta se acabó, Europa cerró el grifo y la burbuja estalló. Ahora hay que mantener esas infraestructuras (gasto corriente) y terminar de pagar las inversiones (amortizaciones y gastos financieros).

Mientras tanto, se pide a los empresarios una quita en sus deudas con los ayuntamientos para poder cobrar los más de 35.000 millones que les nos adeudan. ¿Para cobrar antes del plazo de 45 días en 2012 según la ley? No, para, simplemente cobrar. De broma. Igual parece poca quita los costes financieros de aguantar sin cobrar. O el coste de adelantar el IVA. La única medida alternativa que se podría aceptar es la renuncia a reclamar los legítimos intereses de demora, bastante ajustaditos (al 4% de interés legal) si los comparamos con el 20% o hasta el 40% de recargo si pagas un tributo o una multa con retraso. Un país de pandereta. Lo dicho, Poltergeist.

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