Los sueldos en la cosa pública (I)

El Gobierno ha limitado los salarios de los directivos en empresas públicas. Me parece una buena medida pero insuficiente, porque nuevamente los políticos ven la paja en ojo ajeno y no ven la viga en el suyo.

Los directivos de empresas grandes cobrarán como máximo 105.000 euros al año, los de medianas 80.000 euros al año, y las de menor dimensión, 55.000 euros al año. Además, se limita el número de consejeros en 15, 12 y 9 respectivamente, con un ahorro de apenas 1 millón de euros por la reducción de los consejos de administración. Falta estimar el ahorro derivado del  recorte salarial. Estas medidas, enlazan con el anuncio de eliminar unas 450 empresas públicas.

Los sueldos públicos se han ajustado a la baja dentro de la realidad del mercado laboral, alejándose bastante de la media en la empresa privada. Según un estudio de la consultora ICSA y Laboris.net el salario medio de directivos en Cataluña es de 67.000, 108.000 y 171.000 euros en función del tamaño de las compañías. Si comparamos estas retribuciones con las de la banca o las empresas del IBEX, las diferencias son abismales.

Entendiendo el ejercicio de lo público como un servicio vocacional, el ajuste a la baja no es escandaloso ni mucho menos, pero sorprende que el directivo de una pyme pública tenga una retribución inferior a la mayoría de los diputados y senadores de nuestro país, quienes, en el caso de la Cámara Baja, tienen unos ingresos mensuales repartidos en:
– Sueldo base: 3.483,46 euros
– Indemnización por alojamiento de 1,762,18 euros (841,12 si vive en Madrid)
– Hasta 250 euros/mes de gastos en taxi o 0,25 euros/km si usan su vehículo particular
– Dietas diarias de 120 euros para viajar por España y 150 por el extranjero
– Kit tecnológico (valorado en más de 1.550 euros): tarifa adsl en su domicilio, iPad y smartpphone (iPhone o BlackBerry a elegir)
– Billetes gratis de avión, tren o barco.

Eso sin incluir los complementos mensuales en función de sus labores parlamentarias: el presidente de una comisión recibe 1.536,56 euros más al mes y el portavoz, 1.123,43. Además los miembros de la mesa cobran adicionalmente: el presidente 3.483,46 euros, más 3.782,76 euros en gastos de representación, más otros 3.101,53 de libre disposición. Los vicepresidentes perciben por los mismos conceptos 1.328,06, 1.109,84 y 776,35 euros mensuales, respectivamente. Casi ná, que diría un castizo.

Y todo lo anterior sin el más mínimo control del absentismo, siendo compatible con una segunda actividad (profesor, tertuliano, conferenciante…) y con un régimen fiscal favorable que les retiene un 37% del sueldo base mientras el resto de ingresos quedan exentos de retención, por lo que la media es de un 17% en lugar de aplicarse el tipo máximo de IRPF. Sueldo alto y retención de mileurista. Al menos, se ha dado un paso en la transparencia de sus señorías y se han publicado sus declaraciones de bienes, aunque sirvan más para el cotilleo y el amarillismo que para otra cosa.

El único gesto destacable de austeridad que se ha aplicado a los parlamentarios de ambas cámaras ha sido la congelación de sus sueldos y la suspensión de la aportación al plan de pensiones. Qué menos, ¿no?

Continuará…

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#MinistrosRajoy

Desde que Rodríguez Zapatero convocó elecciones para el 20-N, tanto las tertulias de los medios como las de barra de bar han venido realizando sus quinielas sobre los futuros ministros que Mariano Rajoy nombraría en una más que probable victoria popular. Llegó el 20-N, ganó el PP (o perdió el PSOE) y después de un largo mes de traspaso de poderes, el Presidente Rajoy nombró ministros.

Todos los medios, incluso los de linea editorial progresista, han destacado la excelente preparación de los #MinistrosRajoy: su sólida formación académica, sus duras oposiciones a los puestos más difíciles de la administración y su experiencia de gestión pública. Les han definido como ‘TASP’, Técnicos Amigos y Sobradamente Preparados. Pero, aunque sobradamente preparados, España necesita mucho más. Necesitamos que la toma de decisiones sea rápida, necesitamos austeridad y necesitamos aligerar la administración, empezando por las empresas y fundaciones públicas. Y sobre todo, hay dos asuntos prioritarios: empleo y financiación.
Para crear empleo hay que crecer. Por tanto el gobierno debe crear condiciones favorables al crecimiento, y entonces se crearán puestos de trabajo. Pero antes hay que hacer reformas. Algunas dolorosas e impopulares.
Para crecer hay que disponer de financiación. Se esperan más fusiones en el sector bancario. Necesitamos que fluya el crédito para las pymes y los emprendedores. Nuestra credibilidad ante el euro y la fortaleza ante los mercados exteriores van a ser claves en los primeros meses de 2012. De momento, el Ibex 35 y los mercados bursátiles han recibido al nuevo gobierno con subida.

Para ilustrar lo comentado, basta comparar la trayectoria vital de los nuevos ministros con los salientes. Entre los nuevos, hay un catedrático (Montoro), tres Premios Extraordinarios Fin de Carrera (De Guindos, Soraya y Wert), seis altos funcionarios (un fiscal, dos abogados, un inspector y dos economistas del Estado), y varios con dobles titulaciones superiores y/o doctorados. Los menos brillantes solamente tienen una licenciatura, un master o son profesores de universidad. Igualitos que el bachiller Blanco o la socióloga Pajín, sin más ocupaciones conocidas que la política. Entre los salientes, solo Elena SalgadoÁngel Gabilondo y Cristina Garmendia tienen la categoría intelectual y la trayectoria profesional que un país desarrollado se merece para sus ministros.

Dos características más tienen en común los nuevos ministros: varios (seis más el propio Presidente) son twitteros y la mayoría poseen formación económica. Ser twittero no es ninguna virtud en sí mismo, pero demuestra cercanía, capacidad de comunicación y de síntesis (por lo de los 140 caracteres). Deseamos que ahora no dejen de twittear. Lo de la formación económica resulta obvio, no estamos para tonterías.

Me han sorprendido las críticas a Luis De Guindos por su pasado en Lehman Brothers. En España, si has sido protagonista o formado parte de un fracaso hay que esconderlo, es un deshonor, una vergüenza, mientras en USA se destaca en el currículum-vitae por eso que nos repetían desde niños de que se aprende más de una derrota que de cien victorias. De esta manera, mientras parte de la prensa española señalaba a De Guindos como corresponsable de la quiebra de Lehman por la crisis de las subprime, medios extranjeros como el influyente Financial Times simplemente mencionaban su paso por el banco americano como una experiencia curricular.

La cortesía en estos casos habla de cien días, pero el país no está para perder tres meses. A trabajar.

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