Porqué adoro una marca: Apple 

Soy parcial. Lo reconozco. Pero es mi opinión. Porque aunque sea maquero mi opinión es válida, ¿o no?

Para mi las marcas son importantes. Aunque más importante son los productos, las marcas te dan pistas. Pistas de lo que te pueden ofrecer mediante experiencias presentes o pasadas. Aunque a veces se podría aplicar el conocido aforismo a modo de advertencia, como si de un producto financiero se tratara: rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. O mejor: satisfacciones pasadas no garantizan satisfacciones futuras. Porque las marcas, como las personas, o quizá porque las dirigen personas, también cambian, evolucionan, mejoran, empeoran, y en ocasiones hasta mueren, desapareciendo.

La diferencia fundamental entre los productos de la manzana mordida de Cupertino y el resto es la satisfacción de uso que generan al cliente avanzado. Quizá el comprador también valore su excelente diseño, la calidad visual y al tacto de sus materiales (hoy en día aluminio y vidrio fundamentalmente) y una durabilidad superior en la vida media del producto en comparación con su competencia. El usuario valora lo fácil e intuitivo de su manejo y la exclusividad que aporta su posesión. Nadie discute que un iMac o un MacBook además de ser herramientas de trabajo son iconos de diseño. Decoran la estancia en la que cohabitan, bien sea un estudio rodeado de planos y maquetas, un despacho lleno de libros, una tienda repleta de fotos, entre los cafés y GinTonics de un bar, con la ropa de una boutique, en una cabina inundada de cd´s o en un dormitorio. Son productos que se exhiben, no se esconden como feas herramienta de trabajo, como un mal imprescindible.

Hay multitud de curiosas teorías para diferenciar a los usuarios de Mac y PC: en una de estas encuestas se identificó a los maqueros como más jóvenes, con más estudios, de ideología liberal, urbanitas y consumidores de vino frente a los usuarios de PC, menos jóvenes, con menos estudios, más conservadores, con más posibilidades de vivir en zonas rurales y bebedores de refrescos de cola. La verdad es que pese a mi identificación con el resultado de esa encuesta formando parte del primer grupo de personas no me gusta ni esa segmentación ni cualquier otra entre bueno o malo, entre urbano y rural, o entre vino o cerveza. Soy más de sumar. Prefiero la conjunción copulativa ‘y’ antes que la disyuntiva ‘o’.

De aquellos Mac Power classic de principios de los 90 con los que aprendimos informática en los maristas a mi actual iMac he vivido un largo recorrido. De idas y venidas, de decepciones y de sorpresas. Después de enamorarme de los Macintosh, llegó el momento de cambiar mis viejos walkman y discman por un iPod. Me decidí por un nano de primera generación ya que buscaba sencillez y un tamaño reducido. Negro. Con la mítica ruleta y su pantalla. Fui de los que tenía un iPhone antes de que se vendieran en España. Luego pasé al iPhone 4 y ahí sigo, esperando al 5…El iPad 2 me conquistó y hoy en día es mi salvación nocturna cuando la telebasura y el insomnio me persiguen.

Otra de las razones por las que adorar a Apple es su servicio postventa. Mi iPod nano 1G de 1Gb entró en el programa de sustitución por un posible fallo de la batería y 5 ¡cinco! años después Apple me envió sin coste el iPod nano 6G de 8 Gb. Sí, increíble pero cierto.

Esas son algunas de las razones por las que adoro una marca.

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