MINI

Aproximadamente 3.130.000.000 resultados (0,12 segundos). Eso escupe Google al teclear la palabra MINI en su buscador. La mayor parte de los resultados de la búsqueda se refieren a un automóvil. El MINI.

Para mi el MINI no solo es un coche. Es un icono del diseño, un mito, un motivo de culto, una forma de vida que gira alrededor de una movilidad diferente. Su lema: menos es más, lleva cautivando a millones de Minilovers durante los últimos 50 años en los que el MINI decora las ciudades, formando parte del mobiliario urbano. Es la antítesis de la ostentación, del “ande o no ande, coche grande”.

Su origen como proyecto en 1956, fue fruto de la necesidad. En plena crisis del petróleo de Suez por la guerra del Sinaí, el gobierno británico reintrodujo el racionamiento de combustible. Se popularizaron los coches burbuja: los alemanes Messerschmitt y BMW Isetta; italianos como los Piaggio Vespa 400 o los más populares en España Biscúter. De esta manera, Sir Alec Issigonis ingeniero de la BMC-British Motor Corporation recibió el encargo de diseñar un automóvil para cuatro personas, económico y de pequeñas dimensiones (3 x 1,2 x 1,2 metros) con el reto tecnológico de colocar el motor en apenas 50 cm., convirtiéndose en el primer coche de producción en gran serie que lo montó en posición transversal delantera, es decir, a lo ancho y no a lo largo. Otra de las características de su diseño y que a su vez le otorga un gran comportamiento dinámico es la posición de sus diminutas ruedas en los extremos. También contaba con numerosos huecos porta objetos. El ingeniero Issigonis era un tipo extraordinario y con buen gusto: se dice que reservó un espacio interior para almacenar una botella de su ginebra favorita.

Lo mejor del MINI es que se conduce como un kart y su diferenciación: no hay dos iguales. Sus innumerables posibilidades de personalización y las múltiples versiones hacen casi imposible encontrar dos idénticos. El clásico ya contó con distintas versiones, desde los Van, Pick-up, Moke, ClubMan a los Cooper, Cooper S o Cabrio. Y tras su resurgir a manos de BMW parece que vamos por el mismo camino e incluso con las mismas denominaciones.

Podría hablar del MINI y la moda británica; con Paul Smith y su obsesión por diseñar todo tipo de prendas y objetos con la imagen del MINI Classic o Mary Quant, la creadora de la minifalda. Del MINI y el cine, donde ha protagonizado The Italian Job en su versión original de 1969 y el remake de 2003. Del MINI y la realeza, con propietarios de sangre azul como el Rey Don Juan Carlos (dicen que ese MINI fue el primer y único coche que pagó) o el sultán de Brunei. Del MINI y la música, con otro icono de las islas, The Beatles. O del MINI y la competición, con sus éxitos en el Rally de Montecarlo o el más reciente en el Dakar.

Pero voy a hablar en primera persona. Mi primer recuerdo del MINI no puede ser más especial: mi madre tuvo dos, uno inglés y otro de los fabricados por AUTHI en su fábrica navarra de Landaben. Recuerdo que me recogía a la salida de los maristas para llevarme al logopeda (fui uno de esos niños que no pronunciaba la erre) o cuando en verano íbamos a la piscina. Todavía reprocho a mi padre que se deshiciera de ellos. Me prometí que intentaría hacerme con uno. Uno de los clásicos claro. De momento no lo he conseguido. Los del Scalextric no cuentan.

Pero cuando BMW relanzó la marca MINI mi sueño infantil se hizo, en parte, realidad. En 2008, mi mujer se compró un Cooper. No es el clásico, pero dentro de 25 años seguro que alcanza esa consideración, y nuestra intención es no deshacernos de él. Me (nos) hace feliz.

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