Los sueldos en la cosa pública (y III)

En las dos entradas anteriores hablamos de la regulación de salarios en la empresa pública y de los sueldos de los políticos locales. En esta tercera y última de la serie toca comparar.

El presidente del gobierno de España gana 78.000 € anuales; el ex-presidente Zapatero 6.000 € más (84.000 €) por ser miembro del Consejo de Estado. No es lógico. Sarkozy, por ejemplo, recibe 253.600 €; Merkel, 220.00 €; Obama, 1.309.164 €. Pero la lista de cargos públicos españoles que superan los emolumentos de Mariano Rajoy es extensa: Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid, 108.000 €; Artur Mas, presidente de la comunidad catalana, 144.000 €; Xavier Trías, alcalde de Barcelona, 146.000 €; Ana Botella, alcaldesa de Madrid, 102.000 €; Griñán, presidente andaluz, 85.000 €…y así podríamos seguir con cientos de nombres, pues casi todos los alcaldes de capitales de provincia y presidentes de diputaciones cobran más de 78.000 €. Y hasta los alcaldes de los municipios madrileños Pozuelo de Alarcón, Alcalá de Henares, Leganés, Boadilla del Monte o Alcobendas superan esa cifra.

También los presidentes de las altas instituciones del estado español tienen salarios superiores al del presidente Rajoy. Desde los 115.000 € del Defensor del Pueblo a los 130.000 € del presidente del Tribunal Supremo.

Si buscamos a los políticos que a su cargo institucional añaden ingresos como miembros de consejos de administración de empresas públicas o de entidades financieras, las cifras ya son de escándalo.

Es evidente que la política no está muy bien pagada. O depende. ¿De qué? De donde proceda el político; si viene de su casa con una mano delante y otra detrás con el carnet del partido entre los dientes como un cuchillo afilado, está muy bien pagada; si procede, por ejemplo, de la empresa privada o de su cátedra de universidad, está muy mal pagada.

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#MinistrosRajoy

Desde que Rodríguez Zapatero convocó elecciones para el 20-N, tanto las tertulias de los medios como las de barra de bar han venido realizando sus quinielas sobre los futuros ministros que Mariano Rajoy nombraría en una más que probable victoria popular. Llegó el 20-N, ganó el PP (o perdió el PSOE) y después de un largo mes de traspaso de poderes, el Presidente Rajoy nombró ministros.

Todos los medios, incluso los de linea editorial progresista, han destacado la excelente preparación de los #MinistrosRajoy: su sólida formación académica, sus duras oposiciones a los puestos más difíciles de la administración y su experiencia de gestión pública. Les han definido como ‘TASP’, Técnicos Amigos y Sobradamente Preparados. Pero, aunque sobradamente preparados, España necesita mucho más. Necesitamos que la toma de decisiones sea rápida, necesitamos austeridad y necesitamos aligerar la administración, empezando por las empresas y fundaciones públicas. Y sobre todo, hay dos asuntos prioritarios: empleo y financiación.
Para crear empleo hay que crecer. Por tanto el gobierno debe crear condiciones favorables al crecimiento, y entonces se crearán puestos de trabajo. Pero antes hay que hacer reformas. Algunas dolorosas e impopulares.
Para crecer hay que disponer de financiación. Se esperan más fusiones en el sector bancario. Necesitamos que fluya el crédito para las pymes y los emprendedores. Nuestra credibilidad ante el euro y la fortaleza ante los mercados exteriores van a ser claves en los primeros meses de 2012. De momento, el Ibex 35 y los mercados bursátiles han recibido al nuevo gobierno con subida.

Para ilustrar lo comentado, basta comparar la trayectoria vital de los nuevos ministros con los salientes. Entre los nuevos, hay un catedrático (Montoro), tres Premios Extraordinarios Fin de Carrera (De Guindos, Soraya y Wert), seis altos funcionarios (un fiscal, dos abogados, un inspector y dos economistas del Estado), y varios con dobles titulaciones superiores y/o doctorados. Los menos brillantes solamente tienen una licenciatura, un master o son profesores de universidad. Igualitos que el bachiller Blanco o la socióloga Pajín, sin más ocupaciones conocidas que la política. Entre los salientes, solo Elena SalgadoÁngel Gabilondo y Cristina Garmendia tienen la categoría intelectual y la trayectoria profesional que un país desarrollado se merece para sus ministros.

Dos características más tienen en común los nuevos ministros: varios (seis más el propio Presidente) son twitteros y la mayoría poseen formación económica. Ser twittero no es ninguna virtud en sí mismo, pero demuestra cercanía, capacidad de comunicación y de síntesis (por lo de los 140 caracteres). Deseamos que ahora no dejen de twittear. Lo de la formación económica resulta obvio, no estamos para tonterías.

Me han sorprendido las críticas a Luis De Guindos por su pasado en Lehman Brothers. En España, si has sido protagonista o formado parte de un fracaso hay que esconderlo, es un deshonor, una vergüenza, mientras en USA se destaca en el currículum-vitae por eso que nos repetían desde niños de que se aprende más de una derrota que de cien victorias. De esta manera, mientras parte de la prensa española señalaba a De Guindos como corresponsable de la quiebra de Lehman por la crisis de las subprime, medios extranjeros como el influyente Financial Times simplemente mencionaban su paso por el banco americano como una experiencia curricular.

La cortesía en estos casos habla de cien días, pero el país no está para perder tres meses. A trabajar.

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